La Copa Mundial de Clubes, que se juega esta semana en Japón, tiene mucha más importancia en Sudamérica que en Europa. Recuerdo levantarme a medianoche para ver perder a mi equipo el Penarol contra el Porto en la Copa Intercontinental de 1987 – efectivamente un predecesor del torneo. Me enojé cuando perdimos 2-1 en el tiempo añadido en Tokio.
Mi padre había ganado la competición con el Penarol, derrotando al Real Madrid en 1966. Es un gran orgullo en la familia. La final se jugó en dos partidos y el equipo de mi padre ganó 4-0 en casa y perdió 2-0 en Madrid. Fue la revancha por el mismo partido en 1960.
El Penarol ha sido campeón del mundo en tres ocasiones y quizás sean cuatro –en caso de que ganemos la Copa Libertadores la próxima temporada y luego juguemos en el Mundial de Clubes. Sería un bonito trofeo a estas alturas de mi carrera, pero todavía falta mucho tiempo – ¡la copa y yo, como colofón!
El equipo argentino River Plate es el actual campeón de Sudamérica. El Penarol ha disputado grandes encuentros contra ellos. Los conocemos como los “Gallinas”. Ello se remonta a 1966 cuando mi padre jugó para el Penarol en la final de la Copa Libertadores. El Penarol ganó el partido de ida en casa 2-0 y perdió el de vuelta fuera de casa 3-2. Hoy en día los goles marcados fuera de casa contarían. En aquella época era necesario jugar un tercer partido.
El partido se disputó en Santiago, Chile. El River ganaba 2-0 en el descanso. Pensaron que ganarían y empezaron ponerse algo chulos con el Penarol. Su portero en un alarde de fanfarronería paró un disparo con el pecho cuando lo podría haber hecho perfectamente con las manos. Los jugadores del Penarol lo consideraron una falta de respeto y ello les dio ánimos para marcar dos veces llevando el partido a tiempo añadido. Entonces el Penarol marcó dos veces más en el tiempo añadido y se proclamaron campeones. El River perdió las agallas.
El River actual es un buen equipo, el mejor de Sudamérica con un entrenador joven excelente, Marcelo Gallardo. Jugó con la selección argentina, el River Plate y luego el Mónaco en Europa, además del Nacional, el equipo rival de mi Penarol en Uruguay. Empezó su carrera de entrenador en el Nacional y el año pasado se marchó al River. Ha tenido un gran éxito, el primer entrenador del River en ganar la Copa Libertadores como jugador y entrenador.
La influencia uruguaya también se encuentra en el delantero uruguayo Rodrigo Moura. Leonardo Pisculichi es otro gran jugador, un media punta. Javier Saviola es muy conocido y podría enfrentarse con su antiguo club el Barcelona, pero ya tiene 34 años y no juega todos los partidos. Otro mediocampista, Matias Kranevitter, tiene 22 años y juega cedido por el Atlético de Madrid y puede que vuelva en enero. Lucho Gonzalez, 34, es un jugador con experiencia que jugaba para el Porto y el Marsella. Otros jugadores esperan poder hacer lo que hizo él –impresionar, ganarse el gran salto a Europa y luego, un día, volver a Argentina. Muchos jugadores lo hacen, a veces regresan a su primer amor. Sale bien si el jugador está en buena forma, pero sale mal si el jugador no se ha mantenido en forma y los aficionados esperan que éste sea el jugador que fue una vez.
El River llegó a la final del domingo después de derrotar al Sanfrecce Hiroshima en Osaka –el estadio donde jugué a fútbol hasta principios de este año.
Se espera que el Barça gane al equipo chino Guangzhou Evergrande en la otra semifinal del martes y luego se enfrente al River. Viajarán más aficionados del River que del Barça a Japón, al igual que hubo más seguidores del Corinthian que del Chelsea hace dos años. Los fans venden sus coches, hacen cualquier cosa para ir, es una movida increíble.
La mayoría de mis antiguos clubs han sido campeones del mundo –aunque no conmigo. Fiché para el Inter de Milán un año después de que el equipo italiano se proclamara campeón. Fue un gran acontecimiento y solían bromear conmigo porque mi equipo del Atlético de Madrid les había impedido conseguir los seis trofeos al ganar la Supercopa de Europa. Esa noche jugué en la delantera con Sergio Agüero y ganamos 2-0.
Otro antiguo equipo, el Internacionale de Porto Alegre ganó el campeonato en 2006 tras derrotar al Barça. Fue un acontecimiento increíble y todavía se pueden ver signos de la celebración de la victoria en Porto Alegre. Sabían que si jugaban contra el Barcelona diez veces probablemente perdería ocho veces, ganarían una vez y empataría una vez, pero en un partido único los equipos sudamericanos tienen más posibilidades.
El River sabe que el Barça es el mejor equipo del mundo, sabe que es un enfrentamiento entre David y Goliat pero los jugadores tendrán todavía los efectos del jet lag, estarán en un campo extraño y en un estadio desconocido. Hay posibilidades de sorpresa. Y si ganas en este partido único, puedes llamarte el mejor del mundo. No es nada subjetivo – como cuando la gente compara cuál jugador es el mejor. Es un solo partido y el ganador es el campeón del mundo. Para los equipos sudamericanos, este formato es mejor que la liga, pero aun así será muy, pero que muy difícil para ellos ganar al Barça y coronarse campeones.
Diego Forlán escribe una columna semanal para el The National que aparece publicada todos los viernes. El antiguo delantero del Manchester United, Inter de Milán y Atlético de Madrid fue proclamado máximo goleador de Europa en dos ocasiones y galardonado con el Bota de Oro en el Mundial 2010. En la redacción de la columna de Forlán interviene el corresponsal de fútbol europeo Andy Mitten.

